Desficcionalización efectiva.

Creo que fue Benjamín Mayer quien, en el marco de la conversación de hoy auspiciada por 17 Instituto de Estudios Críticos en México, hizo la pregunta “¿a qué ficciones podemos entregarnos para recuperar el deseo?”  No es una pregunta inocente, menos en tiempos de pandemia.  Recuperar el deseo no es sentir infinitas ganas de adquirir un Woobie Doobie por Amazon o REI, que justificará posteriormente la necesidad de ir al monte para probarlo.  Ni despertar de nuestra anquilosada dormición en confinamiento y marchar a algún lugar donde la presencia de cuerpos pueda generar estímulo sexual.  Recuperar el deseo tiene más bien que ver con una nueva experiencia de la Cosa, ese ente elusivo o supremamente elusivo que se hizo garantía de humanidad tras la muerte de Dios en la revolución freudiana.  La Cosa no existe pero reemplaza a Dios en su con-sistencia en la precisa medida en que no esté, también ella, perdida.  Si Bernard Stiegler tiene razón en su postulación de un tercer límite del capitalismo—el primero habría sido la tendencia a la caída de la tasa de beneficios y el segundo la saturación consumista que salvó la tasa de beneficios pero destruyó toda posibilidad de experiencia–, hoy vivimos en un mundo ya automatizado: “a new age of reticulation is being implemented, and it constitutes a new stage of the grammatization process.  In this stage, it is the mechanisms of transindividuation itself that are grammatized, that is, formalized and made reproducible, and therefore capable of being calculated and automated.”  Pero esto significa una hiperproletarización general al servicio de la máquina.  La reproducción industrial ha conseguido ya saturar nuestro mundo hasta lograr una reducción y domesticación general de energía libidinal que el capitalismo seguirá buscando intensificar hasta la total entropía que supondrá la destrucción del planeta.  Si ese Dios que no existe no le pone remedio.  A menos que vuelva la Cosa, a menos que la Cosa vuelva a reactivar el deseo.  Se diría que para Benjamín son nuevas ficciones las que pueden lograrlo, pero yo soy, y sé que Benjamín me perdona, escéptico al respecto, y más bien pediría una desficcionalización general de la existencia como condición del rescate de la Cosa.  Cuando ya no quede nada que sostenga el edificio simbólico ni siquiera como compensación intencionada, entonces quizá la Cosa empiece de nuevo a brillar en la sombra. 

Así entendí yo la conversación de hoy, en la que la noción de emancipación política quedó sujeta a la duda de su ineficacia profunda sin una previa y más profunda recuperación de energía existencial en éxodo, no respecto del mundo tal como es, sino respecto de los aparatos de reproducción tecno-industrial que han saturado el planeta desde el cálculo produccionista llevado al límite (y por supuesto sus ficciones hegemónicas).  Los textos de Maddalena Cerrato (“Topología atópica”), Gerardo Muñoz (“Paisaje extático”) y Jaime Rodríguez Matos (“El peso más grave de la pandemia”) están disponibles en https://diecisiete.org/category/expediente.  Maddalena propone una topología atópica, anti-árquica y anti-ontoteológica, que sería consecuencia de la “interrupción de nuestra habitual manera de habitar” el mundo.  Gerardo propone una deserción a partir de una nueva “posibilidad de la mirada” que desate la posibilidad de una experiencia de lo inaparente.   Y Jaime vuelve a la experiencia nietzscheana del Eterno retorno de lo mismo para reivindicar “un mundo que sería el mismo que el nuestro excepto porque es precisamente el mismo,” esto es, en mismidad ahora ídoloclasta. 

En el curso de estos días hemos tenido que soportar diversas inopias, como la que afirmaba que nada puede esperarse de aquellos que se entregan al desencanto y neutralización de la política desde una presunta angustia de muerte sin coexistencia común.   Pero no hay en esta discusión desencanto ni neutralización de la política, sino abandono y retirada exódica de las pretensiones emancipadoras de aquellos para quienes postular comunidad es su recurso de salvación sin reparar en que la comunidad—pero ¿qué comunidad?–está hoy caída en el nihilismo de la ausencia del deseo y aspira solo al éxtasis del lugar en el sometimiento coexistente.  Que otra mirada es necesaria e indispensable, no para desarrollar nuevas ficciones, nuevos mitos, sino más bien para trascender lo real de un mundo social en el que la hiperproletarización fáctica es desposeimiento y expropiación tanto más insidiosa cuanto encubierta (por las varias ficciones)—eso es lo que me parece que ofrecen las propuestas (infrapolíticas) de topología atópica, deserción a lo inaparente y repetición ídoloclasta de la existencia singular.  Sin ellas no habrá retorno de la Cosa.   La protesta general en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd es, coyunturalmente, y en este momento incipiente al menos, muestra sintomática de todo ello.  No busca ficción alguna, sino desficcionalización efectiva. Veremos a dónde lleva. 

One thought on “Desficcionalización efectiva.

  1. El Movimiento 15-M en España pareció ser un intento atendible de desficcionalización. Sin embargo, Podemos se convirtió precisamente en la nueva ficción que pretendió dar cauce al deseo que estuvo hirviendo durante meses en las calles y las plazas. El resultado fue nuevos mitos y nuevos cansancios. Un deseo que envejeció y se apagó antes de seguir siendo defendido como hubiera merecido. Un deseo que terminó domesticado. Poquísimo o nada queda de él cuando Iglesias pide la palabra en el congreso español. La dialéctica izquierda vs. derecha y republicano vs. demócrata forma parte de un sistema exprimido y exprimido hasta límites increíbles ante el cual la mayoría de la gente solo observa y, mediante un modo supuestamente práctico, deciden votar por el que menos daño les vaya a causar. Porque daño habrá siempre, y eso lo tienen asumido. Me temo que esta nueva indignación, este nuevo deseo en las calles llegará incluso a menos que el 15-M. Y ojalá me equivoque. En la política televisada, en lo que la gente consume como política en las redes reinan los esquematismos más absurdos. Además de la confusión mayor. Un partido en la oposición cree en general que su deber es oponerse a todo lo que proponga el partido en el gobierno. Esa oposición a muerte reproduce una división insalvable entre “los malos” y “los buenos”, Iglesias vs. Cayetana, con todo la patético que ello implica, incluido el ataque personal y bajo, en el que el bueno es siempre el que tenga la palabra y el malo remalo es el que le toca escuchar. Y para mí la posibilidad del deseo está en romper con toda esa ficción polarizada, agotadísima y agotadora. La posibilidad de supervivencia del deseo está en la retirada, en romper con todas esas ficciones. El deseo hoy está fuera de toda gramática política con la que al menos yo interactúo a diario.

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